Ahí estaba yo.
Sentado en medio de 12 países.
Frente a mí, ella.
¡eine schöne Frau!
La seriedad de su nación no le pertenecía.
Con sus ojos, sus cejas y su sonrisa, me miraba directo.
Desarmado total.
Su pecho, ni hablar.
De esos que no pasan desapercibidos.
Sentada al lado mío. Compartíamos miradas, energía, sonrisas.
Hace unos segundos, distantes.
Después, juntos, en medio de una ciudad gigante y auténtica.